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Historia corta: El Granero Volador

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Hace mucho, mucho tiempo, vivía un monje budista en una lejana región. Un día visitó el famoso Templo Todaiji de Nara para recibir los mandamientos del budismo. En su regreso a casa observó una bonita colina con forma de cuenco de arroz boca abajo, cubierto de vegetación que resplandecía bajo el sol. Entonces escuchó un susurro que venía de alguna parte, a lo lejos:

Gran Buddha del Templo Todaiji, en Nara
  • Ven, monje, ven hacia aquí.

Siguió la voz y se puso a caminar hacia la colina, la cual recibía el nombre de «Monte Shigi». Se sentó en la hierba a medio camino a meditar un rato. Tras abrir los ojos, vio unas mariposas revoloteando a su alrededor, escuchaba a unos pájaros cantando, y apreció el aroma que desprendían las flores. La brisa soplaba suavemente. Se sintió como si estuviera en el cielo. Entonces observó algo brillando entre los arbustos. Se preguntó qué sería.

«¡Anda, es una pequeña estatua budista! Debe haberme dirigido hasta la colina» pensó. «Viviré aquí el resto de mi vida, rezando a la estatua».
Levantó un templo para albergar la estatua, y comenzó a vivir allí.Aunque era una zona tranquila y preciosa, a veces se encontraba con algunas dificultades. Tenía que cosechar su propia comida. En primavera y verano podía comer flores, hojas y raíces. En otoño cosechaba nueces, bayas y frutas. Pero en invierno apenas encontraba comida. Pronto el monje era todo piel y huesos.

«Me pregunto si puedo seguir viviendo aquí.» Pensó en irse muchas veces. Pero al final, siempre decidía quedarse.
«Debo seguir aquí. Sino, ¿quién más rezaría por la estatua?».

Un día, durante ese invierno, alguien llamó a la puerta.

  • ¿Quién es?

Abrió la puerta lo justo para poder echar un ojo fuera. No había nadie.
«Debe haber sido el viento golpeando a la puerta. ¿Quién visitaría un lugar como este en un día así?». Justo en ese momento algo muy pequeño saltó al interior del templo y cayó sobre el suelo. Era su antiguo cuenco, que había desaparecido en verano.

  • Anda, eres tú. ¿Dónde has estado todo este tiempo?

Intentó cogerlo pero el bol se le resbalaba de las manos, hasta que acabó dándose la vuelta y derramando en el suelo un gran puñado de arroz. Después, voló y desapareció.
«Umm, es arroz. ¿El cuenco me ha traído arroz? ¡Es increíble! Debo estar soñando.»
Los días siguientes, el cuenco aparecía de vez en cuando y le traía arroz. Gracias a eso, el monje pudo mantenerse físicamente durante todo el invierno.

Mientras tanto, un hombre rico vivía a orillas de la colina. Tenía un granero junto a la casa. Dentro había montones de sacos de arroz. Era rico pero también muy poco generoso. Nunca daba nada a monjes o sacerdotes. Le encantaba acercarse al granero a contar los sacos de arroz apilados. Simplemente con abrir la puerta y echar un vistazo se sentía satisfecho. Pero un día descubrió que le habían robado una parte del arroz. Nunca se percató de que, cada vez que entraba, algo le seguía.
Al día siguiente abrió la puerta con precaución. Entonces observó un cuenco volando, recogiendo un poco de arroz y saliendo de nuevo del granero, dirección a lo alto de la colina. El hombre rico estaba ojiplático.

«Un cuenco volador me está robando el arroz. ¡Debo capturarlo y destrozarlo!». Al día siguiente abrió la puerta, entró y observó cómo el cuenco le había seguido. Salió y cerró tan rápido como pudo.
«Por fin lo he capturado». En ese preciso momento notó cómo la tierra empezó a temblar.
«¡Terremoto, terremoto!».

Para su sorpresa, el granero comenzó a flotar en el aire, y subió por la colina.
«¡Oh no, mi granero! Se va…». El hombre montó en un caballo y aceleró todo lo que pudo tras el granero volador. Al final vio cómo el granero se posaba junto a un pequeño templo. Abrió la puerta y el cuenco salió volando.

El monje acababa de salir del templo, y el hombre le recriminó:

  • Supongo que este cuenco de arroz te pertenece, pero no hay duda de que éste es mi granero. Por favor, devuélvemelo.
  • No puedo decirte «te lo devuelvo». Ha venido aquí por decisión propia. Pero no niego que sea tuyo, puedes llevártelo cuando quieras.
  • Pero es gigante y pesado, no puedo llevarlo yo solo. Lo dejaré aquí, pero… ¿has visto todos esos sacos de arroz? Sé exactamente cuántos hay. Todos son míos. Todos y cada uno de ellos. Y los quiero.
  • Entonces te ayudaré.

Dijo el monje. Puso uno de los sacos de arroz junto al cuenco. El cuenco flotó en el aire levantando el saco de arroz camino de la casa del hombre. Sorprendentemente, el resto de sacos siguieron al cuenco, uno tras otro. Parecía una cadena de sacos de arroz voladores. La gente observaba con sorpresa.

  • ¡Es increíble! El cuenco tiene poderes sobrenaturales como Buddha. Desde ahora, permitiré que el cuenco te acerque un poco de arroz de vez en cuando.
  • Muchas gracias, te lo agradezco de corazón. No necesito mucho, pero cuando necesite un poco de arroz, el cuenco volará hacia ti.

Una vez acordado esto, el monje fue capaz de sobrevivir con una vida austera y simple, en lo alto de la montaña.

Esta historia está basada en «Shigisan engi emaki, las Leyendas del Monte Shigi«, un conjunto de tres pergaminos preservados en el Templo Chogo Sonshiji, en el Monte Shigi (GoogleMaps), Prefectura de Nara. Estos pergaminos datan de 1156-80.

Templo Todaiji de Nara
Templo Todaiji de Nara

Hasta aquí otra de las historias tradicionales japonesas que hemos traducido. Como ves, muchas de estas historias nos chocan pues no le encontramos una moraleja, acaban bruscas o no le vemos el sentido desde nuestro prisma occidental. Estamos acostumbrados a otro tipo de cuentos. Aún así queremos trasladarte esta colección de historias para empaparte un poco más de la cultura y tradición japonesas.

Puedes leer todas las historias en el siguiente enlace:

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