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Historia corta: La Dama Grulla

Grulla cazando un pez en el Ryozen kannon de Kyoto

Artículo actualizado el

Hace mucho, mucho tiempo, vivía un anciano y su mujer en un pequeño pueblo. Eran muy pobres, pero también muy bondadosos. Un frío y nevado día el anciano fue a la ciudad a vender leña. De vuelta a casa vio algo moviéndose entre el manto de nieve que cubría el campo.

  • ¿Qué es eso?

El hombre encontró a una grulla que había caído en una trampa. Cuanto más luchaba por escapar, más se enredaba en la trampa. El anciano se entristeció.

  • No te muevas, te ayudaré.

Y ayudó a la grulla a escapar de la trampa. Ésta salió volando hacia las montañas. El hombre regresó a casa y le contó a su mujer la historia.

  • Hoy hice algo bueno. Ayudé a una grulla a escapar de una trampa.

Entonces, alguien llamó a la puerta.

  • ¿Quién es?

Preguntó la mujer, mientras abría la puerta. Allí se encontró a una bella mujer.

  • Disculpe, pero he venido a este pueblo a visitar a un amigo. Está nevando mucho y me he perdido con la oscuridad de la noche. ¿Podrían darme cobijo por unas horas?
  • Hace mucho frío fuera. ¡Entra, entra! Somos muy pobres y no podemos ofrecerte mantas, pero puedes quedarte aquí con nosotros.

La mujer estaba muy contenta de la generosidad de la pareja y se quedó un poco con ellos.

 

Al día siguiente, y al siguiente, continuó nevando intensamente. La mujer tuvo que quedarse varios días. Como estaba muy agradecida, cocinó y limpió para ellos. Les dio masajes en los hombros cada noche antes de ir a dormir.

Como la pareja nunca había tenido hijos, la trataban como si fuera su propia hija.

Una noche ella les dijo:

  • Por favor, acéptenme como su hija.

Ellos se pusieron muy contentos y respondieron, sin dudar y al unísono:

  • ¡Sí!

 

Un día ella comentó a sus padres:

  • Me gustaría hacer un vestido de tela. Por favor, compradme hilos para ello.

Su padre compró los hilos que le pidió. Mientras ella se preparaba en su habitación para trabajar en el vestido, les dijo:

  • Desde ahora trabajaré en el vestido. Mientras trabajo, prometedme que nunca entraréis en la habitación. Nunca, nunca.
  • De acuerdo, lo prometemos. Nunca entraremos ni miraremos hacia la habitación. Haz el mejor vestido que puedas.

Ella se pasó el día entero en la habitación, trabajando. Al día siguiente continuó trabajando, sin salir de la habitación.

Sus padres siempre escuchaban a su hija trabajar al otro lado de la puerta.

 

Tres días después de comenzar, dejaron de oír ruido, y ella salió de la habitación con un rollo de tela.

  • Madre, padre, echad un ojo a esto. Lo he hecho yo.

Era el trozo de tela más maravilloso que nunca habían visto sus gastados ojos.

  • ¡Qué tela más bonita! Nunca había visto algo igual.

Ambos se quedaron maravillados por la belleza de la pieza.

  • Se llama tela de grulla. ¿Por qué no lo llevas mañana a la ciudad y lo vendes? Y por favor, cómprame más hilo.

 

Bosque de kimonos en Arashiyama, Kyoto
Bosque de kimonos en Arashiyama, Kyoto

 

A la mañana siguiente el anciano se dirigió a la ciudad.

  • ¡Fina tela de grulla! ¡Fina tela de grulla!

Gritaba el anciano caminando por las calles.

 

Pronto había vendido la tela a un altísimo precio, a un hombre rico. Compró más hilo y otros objetos, y regresó muy contento a casa.

Al día siguiente, la hija empezó a trabajar de nuevo en la tela.

Pasaron tres días, y la anciana dijo a su marido:

  • Qué telas tan bonitas hace. Me encantaría echar un ojo a su habitación, a ver cómo lo hace.
  • No lo hagas. Nos dijo que no lo hiciéramos.

Pero su mujer no le escuchó.

  • Un poco, solo una miradita… ¡Oh, dios mío!

Una grulla estaba tejiendo usando su pico; estaba mezclando sus plumas con el hilo, y casi había agotado todas sus plumas. Ella estaba sacando sus plumas y mezclándolas en el hilo. Casi había agotado todas sus plumas.

  • ¡Hay una grulla tejiendo!

Susurró la anciana a su marido.

Esa noche la chica salió de su habitación con otro rollo de tela.

  • Madre, padre, nunca olvidaré vuestra generosidad. Yo soy la grulla a la que ayudaste a salir de la trampa aquel día de nueve. Vine a ayudaros, pero habéis visto mi verdadera forma. No puedo quedarme más. Debo deciros adiós. Gracias por todo.

Ellos le rogaron que se quedara, pero fue imposible.

Extendió sus brazos, se convirtió en una grulla y salió volando hacia el cielo, hacia las montañas.

El anciano y su mujer vivieron felices con el dinero que habían obtenido vendiendo las telas.

 

 

Hasta aquí otra de las historias tradicionales japonesas que hemos traducido. Como ves, muchas de estas historias nos chocan pues no le encontramos una moraleja, acaban bruscas o no le vemos el sentido desde nuestro prisma occidental. Estamos acostumbrados a otro tipo de cuentos. Aún así queremos trasladarte esta colección de historias para empaparte un poco más de la cultura y tradición japonesas.

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